Cuentos de chicos para grandes (I)


ENTRE JUGUETES Y MONIGOTES

Recuerdo lo difícil que era ser maestra en esos tiempos, teníamos que estar a cargo de cuatro osos, una jirafa loca, una tortuga, y…uno “indefinido”, nunca supimos si aquél muñeco todo peludo era un perro o un conejo, en fin, esas cosas de muñecos. Un libro de cuentos para cada uno, y ya está, había dado comienzo a la clase del día. Todos querían hablar al mismo tiempo, como maestra una debía poner orden a los gritos. Por supuesto, había que corregir miles de hojas con ese marcador grandote y bien rojo.
En nuestro pequeño mundo mágico e infantil, ser aquello que deseábamos, era tan fácil como abrir y cerrar los ojos. De repente nos invadió el bichito de la ciencia, en una oportunidad quisimos ser científicos y nos empezó a intrigar, por qué Susanita, esa muñeca tan coqueta cantaba tan bien y tantas canciones a la vez. Así fue que le practicamos una intervención quirúrgica, entonces, nació nuestro primer invento, si un mini tocadiscos, ¿se imaginan?. Eso sí, a la pobre Susanita, le quedó un lindo agujero en su espalda, era una herida menor, nada que no se pudiera curar con un par mimos y besos. Pues, era así como se curaban todas nuestras nanas.
Pero la ciencia, no fue suficiente para nosotros, así que probamos ser banqueros, si hay algo que nos llamaba la atención, cuando acompañábamos a nuestros padres al banco, era ese sonido producido por el golpetear del sello contra numerosos papeles. Algo que queríamos repetir, por lo cual, buscamos un objeto bien pesado para que nos hiciera de sello, miles de papeles de revista, y una vieja caja de cartón plagada de juguetes, haciéndonos de escritorio, que se encontraba detrás de la puerta de nuestro dormitorio. Todo estaba listo, un lápiz para hacer garabatos, porque por aquél entonces, escribimos en una lengua “no conocida”, por decirlo de algún modo. Nuestra imperiosa necesidad de hacernos entender frente al mundo de los adultos, nos llevó a buscar traductores, uno de ellos fue nuestro hermano mayor, que ya sabía leer y escribir. Pero como era un traductor sin sueldo, pronto se cansaba, y nos decía: “ya van a aprender a escribir”.
Todo era tan distinto, una vieja frazada colgada sobre la rama de aquél árbol de la abuela, nos servía de carpa, para jugar al campamento. Nuestra casita preferida era debajo de la mesa, allí teníamos a la mini cocina, el juego de té, y siempre había alguna amiga a quien invitar.
Nos gustaba patinar, pero nuestros patines eran de trapo y la pista de patinaje, no era precisamente de hielo sino de parket. Pero ello no importaba, lo importante era jugar.
Un día, decidimos ser artistas, y decoramos con nuestro arte, aquella pared tan blanca que había pintado papá con mucho cariño. Nada mejor que miles de monigotes, hechos con crayones de diferentes colores, para darle vida a esa pared. Pero a veces los grandes, no entiende mucho de arte.

Así entre juguetes y monigotes crecimos. Al llegar a adultos, a veces nos colocamos un traje gris y dejamos de jugar, de reírnos de nosotros, de ser espontáneos. Es entonces, cuando debemos buscar ese niño que todos tenemos en nuestro interior, para volver a sonreír. Y aunque ya somos grandes podemos seguir jugando. Lo importante es no dejar de soñar, porque de eso se trata la vida.

Ilustración by La Musa Adormecida

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Un pensamiento en “Cuentos de chicos para grandes (I)

  1. Leo

    Felicitaciones por el blog, esta muy bueno, aunque dirán que mi opinion es algo subjetiva :)Mucha Suerte, un beso.TE AMO MUCHOLeo

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