Cuentos de chicos para grandes (II)

SOBRE UN TAL ELEFANTE ROSA

Seguramente, pensarán que esta es la historia de cierto animal con orejas enormes y una trompa larga hasta el suelo, además de color rosa, un color peculiar para un elefante no?. Pero este cuento, se trata, nada menos que de una familia, que vivía muy feliz, sin grandes preocupaciones. Y estaba integrada por Juan y Lucía que eran los padres de una hermosa niña llamada Ana.
Juan, el papá de Ana, trabajaba en un banco y Lucía era ama de casa. Ana era una niña, muy inteligente y vivaz, que no parecía caminar sino saltar, similar a un pequeño saltamonte. Pero por su ternura, alegaría que se asemejaba más a un dulce bichito de luz. Aún en la oscuridad, se podía ver sus ojitos grandes y brillantes. Llevaba sobre sus hombros una larga cabellera negra azabache, pero su carita, era blanca como la nieve, apenas coloreada por el rubor de sus grandotas mejillas.
Compartían con la mamá, el mismo gusto por la repostería, sí, cocinaban ricos pasteles y tortas, y también galletitas con formas divertidas y con dulce en el medio. La cocina de la casa de Ana, era bien iluminada, contaba con una gran ventana que daba al patio. Al entrar en ella un podía percibir una variedad de aromas como el de agua de azhar, esencia de vainilla y flores frescas.
A la mamá de Ana, le gustaba muchos la jardinería, había cientos de plantas y flores en su jardín, azucenas, violetas, rosas, crisantemos…Ana era admiradora de los jazmines, cada vez que salía un jazmín de la planta, corría a verlo y a percibir su agradable perfume.
La casa no era enorme, pero muy acogedora, uno sentía el calorcito de hogar. Contaba con dos dormitorios, un living, un pequeño comedor, la cocina y el jardín.
Todo parecía normal y tranquilo en esta familia, hasta que una ocasión sucedió un hecho, que nos hizó pensar que algo estaba pasando en la familia de Ana.
Un día, en la escuela, la maestra de Ana, les pidió que realizarán una redacción acerca de la granja, debido a que hacía sólo dos semanas, había podido visitar una, luego tendría que efectuar un dibujo de la misma, integrando a todos los animales que habitan en ella.
Los chicos estaban muy entusiasmados con la tarea, sacaron enseguida, punta a sus lapices de colores, y pusieron manos a la obra. Ana, escribió una brillante redacción, pero cuando se acercó la maestra para ver el dibujo que había hecho, sus ojos parecieron, por un instante, atraversar sus gruesos lentes, no podía creer lo que vió. Ana, había dibujado, la granja y varios animales: una gallina y sus pollitos, una vaca, un ternero, varios pajaritos posados sobre tupidos arboles, pero en su dibujo agregó un animal que no pertenecía precisamente a una granja Había dibujado un elefante rosa,-” ¡Un elefante rosa!” -habría exclamado la maestra estupefacta, Ana le explicó que si bien ella sabía que no había elefantes rosas en la granja, le había resultado simpático y divertido incorporar uno a su ilustración. La maestra frunció el seño, y sacó del bosillo de su guardapolvo una fibra roja, y escribió sobre el cuaderno de Ana, con letras enormes, que no había respondido a la consigna.
De pronto, aquél elefante rosa, comenzó aparecer en varios trabajos de Ana, en la clase de música, inventó una canción que versaba sobre él, en la de plástica, realizó un muñeco de cerámica que representaba un elefante rosa, a la hora del recreo dibujó sobre la pared del patio…, bueno, ustedes ya se imaginarán no?. La maestra preguntaba:” 6×4 es =? “y Ana en vez de responder: 24, decía es igual “un elefante rosa”.
De acuerdo, coincidó con ustedes, que tal vez exageré un poquito al contar la historia de Ana. Pero realmente, el elefante rosa, aparecía bastante seguido en su vida por ese entonces, y había un motivo, que todavía nadie lo conocía, ni lo sospecha.
Obviamente, la maestra, asombrada por el comportamiento de Ana, convocó a una reunión de maestros, psicologos, psicopedagogos, médicos, y demás facultativos a quienes se pudieron consultar sobre el tema. Además, obviamente, se citó a los padres, que poco entendían que estaba pasando con Ana.
Los maestros, coincidieron, en que niña tenía un pequeño problema de atención, los médicos, dijeron que o tenía una gran imaginación o era daltónica, porque los elefantes no son rosas sino son grises, los psicopedagogos determinaron que era un problema de aprendizaje, que tal vez la maestra no estaba motivando demasiado a Ana para que no se dispersará en la clase. Los psicologos, sostuvieron que padecía una obsesión con los elefantes, debido a la batería de test, y pruebas realizadas. Por ejemplo, cuando se le pidió que dibujará a su flia, la niña, dibujó a su papá, a su mamá, a ella y a quién más? , sí , al tal elefante rosa.
Todos hablaban al mismo tiempo, sin entenderse, ni escucharse, por supuesto, que no llegaba a ningún acuerdo sobre el tema.
Entre tanto alboroto, le llegó el turno a los padres de Ana, de dar su opinión, la mamá siempre había sido muy comprensiva con su pequeña, por lo que alegó que su hija sentía un enorme aprecio por los animales y lo traducía en sus dibujos. El papá de Ana, daba la impresión de no estar precisamente escuchando con atención a Lucía, por lo que replicó al comentario de su esposa : “siempre te digo que esa niña mira demasiada televisión”. Lucía, seguía hablando sin dar demasiada importancia y ni oído, a las palabras de su esposo. -”Ana es un niña muy inteligente, y creativa, y como todo los niños de su edad, suele inventar amigos imaginarios”. De repente, sin saberlo, el papá de Ana, iba a arrojar luz sobre el problema en cuestión, cuando pronunció: -”y vino un elefante a casa, te lo había dicho Lucía no?, si era de color rosa, y estuvimos mirando la televisión, hasta que se cansó y se fue”-. Lucía seguía hablando, mientras el grupo de facultativos y maestros se encontraba boquiabiertos; Juan solía ironizar cuando en más de una oportunidad, no lograba que su esposa escuchará alguna palabra que él pronunciaba, entonces inventaba historias relacionadas con un elefante rosa, con el objetivo de acaparar la atención de su esposa. Lucía y Juan, no tenía una buena comunicación, a veces oír no implicaba precisamente escuchar. Estaban tan acostumbrados a esa rutina, de hablar los dos al mismo tiempo, sin prestar demasiada atención en las palabras que se decían. Pero, no se habían percatado, que siempre se encontraba un testigo silencioso, Ana, que sí los escuchaba, y al oír hablar tanto sobre ese elefante rosa, lo había incorporado a su flia y a su vida.
Ana, les estaba haciendo un llamado de atención a sus padres. Juan y Lucía, comenzaron a entender que debía aprender a conversar, sabía que era un aprendizaje, pero sentían demasiado amor uno por el otro y por Ana, como para que todo les resultará más fácil.
Ustedes, se preguntará y qué pasó con el elefante rosa? Nuestro amigo, fue desapareciendo en la medida, que el diálogo entre los papás de Ana se hizó más fluído.

La palabra de los adultos, tiene una relevancia muy significativa, para los niños, más aún si esa palabra proviene de los padres, quienes son los primeros referentes. Debemos comprender que la comunicación no corre en un solo sentido, sino que es bidireccional, enviamos un mensaje a nuestro destinario, y el mismo, a su vez, nos enviará una respuesta que llegará a nuestros oídos, y la procesaremos, para luego brindarle nosotros nuestra respuesta. Es el circuito simple de la comunicación humana. Aprender a escucharnos es fundamental para entablar una buena comunicación.
Somos los modelos para que nuestros hijos aprendan en futuro a tener un buen diálogo con sus pares. Dialoguemos con ellos, para que no aparecezca en nuestra familia ningún elefante rosa.

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