Historias para compartir


“UNO DE NOSOTROS”

Todo sucedió en una noche fría del invierno del año pasado. Por alguna circunstancia, nos habíamos quedado con mi esposo en el garage de la casa, cuando en un instante, comencé a escuchar un llanto parecido al de un gatito, era intermitente, debido a que por momentos no se oía nada. La cuestión es, que no pude con mi curiosidad, entonces, me dirigí a la puerta de entrada, salí a la vereda con Felipe, mi perro batata, y ambos miramos por entre la reja, hacia un lado y a otro. Pero nada aparecía a la vista, hasta que en un momento, volví a sentir el llanto, miré hacia un lado y vi que entre la basura que había dejado mi vecino, había una caja, y de esta se asomaba un diminuta cabecita.Me dije a mi misma: “es un cachorrito!”, y salí corriendo hacia al garage a contarle a mi esposo. Dejamos a Felipe adelante de la casa, y salimos por la puerta del mismo; el primer impulso de mi esposo fue sacar a ese cachorro de la caja, luego me lo dio, lo observamos, estaba muerto de frío, desnutrido y con sarna.Con mi esposo nos miramos, y él me dijo que no lo podíamos entrar en esas condiciones, no era conveniente para Felipe. Lo miré al cachorro con sus ojitos tristes y lo miré a mi esposo, entonces dijo: “entralo” En cuanto lo ingresé al garage, el cachorro dejó de llorar, cerró sus ojitos, y su pequeña cara dibujó una expresión de alivio. De nuevo, sentí la mirada negativa de mi esposo,que interrumpió mis pensamientos con la pregunta: “¿qué hacemos con él?”, a la cual le respondí:”mañana lo llevábamos a una protectora de animales”. Mi esposo inspiró aire, miró mis ojos sollozos, y me dijo: “bueno, llevalo a la cocina y dale de comer”. Y eso hice, lo apoyé al cachorro en el piso de la cocina,y tambaleante se recostó sobre la pared, mientras me disponía a calentar un poco de leche, aunque dudaba que comiera, sin embargo,para mi sorpresa nuestro invitado se tomó todo el tarrito de leche.Lo alojamos en la caja donde lo habíamos encontrado, lo cubrimos bien y llevamos al patio.A la madrugada comenzó a llorar, me levante, abrí la puerta de la cocina y ahí estaba el pobre “individuo”, muerto de frío fuera de su cucha, así que lo volví a cubrir con el pulover que les habíamos brindado, y lo introduje en la caja. A partir de ese día comenzó un largo camino en su recuperación e ingreso a la flia, aunque ya lo sentía parte de ella.
Para nuestro asombro, las protectoras de animales nos dieron su negativa para alojarlo, alegando que había demasiado cachorros, que era muy complicado, y nos sugirieron que sacáramos un aviso en el diario, con el objeto de ver si alguien quería adoptarlo. Pero quién querría adoptar a un cachorrito, en el estado en que se encontraba.
Todos los días me levantaba a la mañana ,corría su cuchita hacia el sol, para que no tuviera frío,y Felipe se desesperaba cuando me escuchaba en el patio,él sospechaba que había un nuevo inquilino. Por la tardecita, como todavía era muy pequeño para meterse solo a la caja, y los rayores solares comenzaban a desaparecer, lo volvía a introducir en ella, y lo tapaba bien con puloveres viejos y lo colocaba debajo de pileta del lavadero del patio. Pronto se transformó su cucha en una especie de carpa, cada vez lo cubría más del frío y de la lluvia.A veces lo veía por la ventana de nuestro dormitorio, al sol refugiado arriba de un perro de peluche viejo que le había regalo, y me partía el corazón.
El tiempo fue pasando, al igual que nuestras primeras visitas al veterinario,y los temores de que estuviera enfermo. Pero él siempre resultaba ileso de todas la enfermedades temidas, solo necesitaba comida, afecto y curarse de su sarna.
Las idas a la veterinaria fueron en aumento, a la par de las vacunas y las inyecciones para la sarna.Poco a poco, el cachorro fue mejorando, empezó a jugar, y sus ojitos tomaron vida. Y en momento enfrente a mi esposo, y le dije:”hay que tomar una decisión, el perrito no puede tener un pata adentro y otra afuera de la casa”. Bueno,ya se imaginarán cuál fue el veredicto no?, sí se quedó.A medida que se fue curando , su pelo cambio,y se transformó en un perro totalmente distinto. Cuando le dimos el alta, y estuvo lo suficiente fuerte como para conocer a su hermano Felipe, se conocieron y se hicieron amigos, aunque a veces ambos son celosos a la hora de los mimos. Ah, me olvidaba, cuando mi esposo preguntó qué nombre le pondríamos, bueno debo confesar que ya lo tenía hace tiempo. Se llamó Tincho, y hoy por hoy él es uno de nosotros.

Al comienzo de esta historia pueden ver a Tincho de HOY y al de AYER.

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