El león que alcanzó la luna


En ciertas ocasiones el amor es ciego, pero en otras, nos coloca una gruesa venda en nuestros ojos para que no lo veamos. En busca de él, un día Luna partió, se subió a un tren, para dejar atrás su pueblo natal, pensando que nunca más volvería a verlo, no por falta de cariño, sino porque creía que allí jamás iba a encontrar al amor de su vida.Armó su maleta antes del amanecer, y dejo una carta debajo del felpudo de la puerta entrada de la casa de León, su amigo fiel de su infancia,con el cual estaba acostumbrada a dejarse notas y cartas de esa manera.
Un vez en la estación, ingresó a uno de los vagones,y sin pensarlo se sentó en el asiento vacío más cercano. Miró a su alrededor, ningún rostro le era familiar. “Tal vez entre ellos esté mi amor”, se dijo a sí misma, pero ninguna mirada se dirigió a Luna, cada pasajero estaba demasiado sumergido en sus preocupaciones,cansada recostó su rostro sobre el vidrio de la ventanilla, como para mirar el paisaje.
A medida que el tren se disponía a ponerse en marcha, veía con un dejo de tristeza, como las parejas se despedían en la estación. Sentía que había visto el amor demasiadas veces al igual que en una vidriera, como algo inalcanzable y lejano. No lo había encontrado en aquellas cartas de desconocidos, que solía responder como un pasatiempo, pero siempre con la esperanza en alto, de hallar en algunas de ellas el hombre que cambiaría su vida. ¿Por qué la felicidad no llegaba?,¿qué había de oscuro en su corazón para que nadie se enamorará de él?,miles de veces aparecían en su mente tales preguntas.
Sin embargo,Luna era una muchacha muy dulce, de contextura pequeña,de hermosa cabellera,que escondía su cuerpo en largos vestidos.Sus padres la habían llamado Luna, porque cuando era pequeña, su rostro era redondito y radiante como el de la luna.Lo cierto, es que se había vuelto una persona inalcanzable como el mismo astro, a raíz de su intensa búsqueda de su amor verdadero. Esta hizo que se fuera encerrando en su propia burbuja de fantasías y viejas quimeras de nobles caballeros, portando largas espadas y rescatando a princesas en altos castillos.
Sentada en el tren,de pronto le vino a su mente las viejas conversaciones con León, la paz que él le había transmitido en todas ellas,su sentido del humor, su mirada tierna y su sinceridad.Claro que él no se parecía en nada a sus caballeros de su imaginación; era un hombre sencillo, no precisamente esbelto,ni valiente, ni poseía riquezas, pero si un corazón enorme,el mismo se encontraba perdidamente enamorado de Luna. Solo que la cobardía lo invadía cada vez que quería sacar sus sentimientos a la superficie.
Al oír el silbato, que anunciaba la partida del tren, se levantó de golpe de su asiento,cargo su maleta y llevada por un impulso repentino, se dirigió a la puerta más cercana y se bajó del tren. Se preguntó:”¿qué estoy haciendo?”, caminó un par de pasos hacia la multitud que se aproximaba desde calle,la cual se fue disipando lentamente.De pronto creyó reconocer la figura de un hombre que se aproximaba hacia ella, pero la luz del sol sobre su frente, no la dejaba ver de quien se trataba,pronto los rayos solares la abandonaron, y vio su rostro. Era León, al verse, a ambos se les dibujó una sonrisa, y sin darse cuenta se encontraron unidos en un abrazo,al cual les prosiguió un fuerte beso,luego se miraron un momento, y simplemente con los ojos se dijeron todo.
A veces no hay que emprender un largo viaje para encontrar al verdadero amor.

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2 pensamientos en “El león que alcanzó la luna

  1. mArXelLa

    que lindo cuento! y tienes razón, a veces el amor esta a lado de nosotros, en el asiento de junto y creemos que hay que rodear al mundo para encontrarlo. Saludos!!

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