La infancia no conoce la pobreza

No es que no conozca
sus ausencias,
sus privaciones,
sus noches frías,
sus lamentos.
Conoce del chocolate caliente
de los días festivos,
la imaginación voraz
escondida detrás
de aquella caja de cartón,
y de ese viejo
muñeco de trapo.
No conoce sus orígenes,
sus causas,
sus inquietudes,
tal vez ni siquiera
sus posibles soluciones.
Conoce de los dulces
de los domingos por la tarde,
las vueltas en la añorada calesita,
el amado subi-baja,
y la dulce hamaca
de la plaza del barrio.
Pero aún no conoce
aquello que los adultos
llaman pobreza.

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