El sapo, mi lavarropa y yo

Un día encontré un sapo en mi casa acoplado a mi lavarropa, por cierto bastante gigante, me asusté, lo golpeé,y lo corrí al jardín. Él estaba allí con sus ojitos como preguntándome qué te hice yo? La verdad, nada más que asustarme.Luego, tuve remordimientos de conciencia por el pobre sapo, yo adoro a los animales, pero este “individuo” me inspira miedo por su apariencia.No es real, que detrás del sapo viene el príncipe azul, pero igualmente este bichito es inofensivo.
A veces reaccionamos cuando algo nos inspira temor, o es desconocido para nosotros, con barreras,y prejuicios.
De igual forma, nos comportamos en la vida, si no nos gusta la apariencia de alguien, cruzamos de vereda, buscamos otro asiento donde sentarnos, o nos ocultamos en nuestra coraza. Pero no podemos vivir temiendo que nos lastimen. En más de una oportunidad, cuando ofrecemos una segunda chance al otro, descubrimos sorprendentemente a una gran persona, debajo de las “extrañas apariencias”. Tal vez no fue su aspecto, sino una palabra, una frase, una señal, que hizo que nos escondiéramos en nuestro caparazón.
Los prejuicios nacen de nuestros temores, eso tenemos que sellarlo en el corazón como una gran lección a aprender, cada vez que conocemos a alguien. Demosle la posibilidad de abrirse, que nos muestre su interior, su alma.
Quizás si todos nos diéramos esa chance, el mundo sería otro no? Conclusión no voy a maltratar más a ningún sapo que deambule por allí.=)

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