El síndrome de la oveja negra

Alguna vez leí que los hijos no son nuestros, sino de la vida. Y es cierto,cuando son pequeños, los padres sienten que deben protegerlos de todos los peligros concretos o posibles de este mundo.Los amparan, y en ciertas oportunidades los sobreprotegen.
Pero este nuevo ser, que llega a ese hogar, donde hasta ese entonces, eran dos, y ahora son tres; es alguien que es parte de uno, y parte de la persona que amamos, sin embargo, es distinto de los dos.
Creará su propio universo, buscando su destino; tendrá sus propias ideas y conceptos de la realidad. Cruzará la montaña más alta, si así lo exigen sus ideales.
Como una extraña confusión, a veces los adultos creemos que los hijos, son nuestra propiedad, y en ellos depositamos, nuestras aspiraciones, anhelos, hasta posiblemente aquellos sueños que nosotros dejamos en el camino.
Sucede que sorprendentemente, existe un abismo, entre la persona que es y el ideal de su Ser, que alojamos en nuestra mente. Entonces se genera un conflicto, a lo que denomino: “Síndrome de la oveja negra”. Esto se debe porque no miramos a quien tenemos enfrente de nuestros ojos, sino que estamos observando al queremos que sea, y no siempre hay una correspondencia.
En ocasiones, quien se siente una “oveja negra”, tal vez, no sea tan así. Simplemente, eligió su camino, y este a lo mejor no coincidió con el esperado.
Los hijos son seres con su propia personalidad, con sus preferencias, y elecciones personales. No hay que confundir, educar con transmitir imperativamente nuestros propios ideales. Podemos acompañarlos, conducirlos por el “buen camino”, pero no someterlos a nuestras propias aspiraciones. Porque si lo hacemos, estaremos criando a una “oveja negra”=)


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