Aleteando nuestras alas

Dicen que la experiencia no es un libro que se hereda de generación en generación. Y es cierto, a medida que crecemos, recibimos todos los consejos posibles acerca de la vida.
Pero,solo cuando nos transformamos en adultos,y al igual que las mariposas salimos del capullo, entendemos que solo se aprende vivenciando las propias experiencias.
Nada que llegue a los oídos tendrá una lectura clara, al atravesar nuestra mente en evolución, hasta que tengamos un registro propio de aquello que escuchamos como ajeno.
Crecer sin dolor, es imposible, debemos comprender que tenemos que cruzar varias montañas, tropezar con unas cuantas piedras, antes de llegar a nuestro destino, y a veces, a través del ensayo y el error.
De esa forma aprendemos en la vida en general, los libros,los apuntes de otros,las huellas de nuestros antepasados, nos pueden dar señales hacia donde dirigirnos, pero solo transitando, con los propios pies, por este camino entre pedroso y parejo, incorporamos el conocimiento.
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