"Palabras que matan"

Al rebobinar en nuestra mente, el “cassette” del día, nos sorprendemos al revisar las palabras dichas. Porque en ciertas circunstancias, emitimos varias de ellas, sin pensarlas o sentirlas, más cuando nos enojamos.
Y pensamos en el poder de la palabra, que construye y destruye a la vez. Nos paraliza el corazón por un instante, o lo hace latir con más fuerza.
Una palabra puede decirnos todo o nada, nos da esperanza o frustración. Nos enferma o cura. Nos sirve de transporte para que los sentimientos emerjan; nos lleva de la mano, a través de los libros, a un mundo imaginario; o nos hace conocer lugares que nunca hemos visitado.
Cuando somos niños, idealizamos la palabra del adulto, y por ende, esta adquiere un estatus de “verdad absoluta”, durante este período de nuestras vidas. Pero, al crecer, empezamos a conocer sus diferentes usos. El ser humano, definido como un animal racional, la puede utilizar para la mentira, el sarcasmo o la ironía, y esto lo diferencia del resto de los animales.
Al igual que curan, también las palabras matan, o hieren. El poder de una sola palabra es sorprendente.Hoy “tomo la palabra” para hablar de ella.
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