Une nuit froide

En la fría noche, nuestros pasos deambulan por ese pequeño lugar del mundo que es la ciudad que nos vio crecer. Algunos viajantes silenciosos de ocicos fríos cruzan osadamente la avenida de las luces. La noche nos va cercando, hasta que nos detenemos en la petit París de la ciudad, donde nos espera un café husmeante con una porción de gâteau au chocolat que derriba cualquier objeción. No nos olvidamos que no estamos en Francia, ni en París, pero el aroma a bistró francés de aquél lugar obliga a nuestra mente a viajar imperiosamente con la imaginación. Antes de partir de nuevo a la calle, una moza se acerca con dos bolsas de cartón con facturas frescas del día que verán la luz en el próximo desayuno, y nos acompañarán en lo que queda de nuestro recorrido. La soledad se toma una pausa cuando en medio de la nada, se dibuja a lo lejos la figura de una pareja que detiene su mirada en una vidriera. No es una noche común, sino una vestida de recuerdos que quedará en nuestra memoria como tantas otras.

Anuncios