Educar en el prejuicio

A través de este espacio, siempre he hablado de la educación, de su importancia, y de las falencias que la sumergen en un abismo. Hoy quiero hacer un capítulo particular sobre ella,  para referirme a lo que uno podría denominar “las pequeñas grandes cosas” que influyen en el Saber.
Cuidar de nuestra educación, es cuidar de todo su entorno, desde el eslabón más diminuto de la cadena hasta el más alto. Los docentes tienen una responsabilidad en esta gran pirámide que es el sistema educativo, entre otras cosas, de formar profesionales, nada menos. Al igual que el escultor, que puede ver más allá de una piedra maciza, porque tiene una mirada desprejuiciosa, que le permite visualizar algo que no se halla a simple vista, algunos docentes cuentan con esta capacidad en relación a sus alumnos, pero otros presentan grandes dificultades en este aspecto.
Este poder de observación, de recurrir a múltiples miradas, es aquello que nos permite abrir la mente. Cuando esto sucede, quien tiene la obligación de educar, puede ver al Otro libre de envolturas y brindar las herramientas que este necesita para su educación. Parece un concepto complicado, pero de ninguna manera lo es, se trata de enseñar despojado de toda concepción anticipada acerca de la persona que tenemos enfrente. Y un elemento importante es tener una buena comunicación. Esta no engloba solamente nuestro lenguaje verbal sino todas nuestras conductas. Sabemos que dentro del circuito comunicacional, hay un intercambio, en el cual alguien emite un mensaje y hay un otro que va interpretar el mismo, y de ello va a depender su respuesta. Pero cuando hay una interferencia o ruido en este circuito, se produce una mala comunicación. En el momento en el que el prejuicio se instala en la mirada de quien debe educar, sus conductas giran alrededor del mismo, y esto lamentablemente influye en la enseñanza, y quien debe recibirla.
Muchos estudiantes son rotulados mediante conceptos erróneos, basados en una mirada parcial y prejuiciosa. Hay quienes pueden revertir esos estigmas, pero otros no, y ello repercute en su futuro.
Educar sobre la base del prejuicio, no es educar, es cerrarse al diálogo, es carecer de mecanismos pedagógicos eficaces, y sobre todas las cosas, es oscurecer aun más nuestra educación. Pero, siempre dejo una ventana abierta a la esperanza, para quienes aman enseñar, formar personas integras, estimular e incentivar a crear un mundo mejor.

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