“Los nuevos paradigmas”

Cuando comenzamos a usar Internet, casi dos décadas atrás, las personas de mi generación no sabíamos que solo estamos visualizando un minímo porcentaje de su alcance futuro. ¿Hasta dónde llegaría? ¿Cuántas barreras rompería? En ese entonces era imposible saberlo.
Hoy podemos decir que Internet, dejó de ser un concepto meramente asociado a un ordenador, para invadir más y más espacios en nuestras vidas. La frontera entre el mundo virtual y el real se vio reducida. “La Red” se encargó de desmenuzar progresivamente ese límite. Con la era de la tecnología se instaló también la de “los nuevos paradigmas”. Internet fue el impulsor de esta revolución, incorporando nuevas palabras al lenguaje cotidiano; además de canales y formas distintas de comunicarnos y relacionarnos con el Otro. De igual manera, se vieron modificadas las relaciones comerciales y sus objetos. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿A quién? Preguntas cuyas respuestas se fueron diversificando a partir las recientes tecnologías.
La información virtualizada tomó otra dimensión, y una nueva noción del tiempo apareció con ella. Actualmente existe un tiempo cronológico, “físico”, o real, pero también uno “virtual”. La forma de concebirlo siempre estuvo gobernada por un componente subjetivo. Es como ver por una gran pantalla los acontecimientos de nuestra existencia, y tener un pequeño control remoto en la mente, con el cual podemos pausar o acelerar la percepción de los mismos. Nuestro tiempo cambió, caminamos y nos movemos diariamente de manera apresurada como si no existiera un mañana. No es solo una sensación, es también un deseo interno, que nos propulsa a exigir “todo” a la brevedad o instantáneamente.
A la par del hecho de tener acceso a mayor información, presenciamos una especie de “sedentarismo virtual”, si los datos no pasan por nuestras “manos” de forma inmediata, abandonamos cualquier búsqueda de los mismos. La biblioteca imaginaria y babilónica que nos ofrece Internet, no es suficiente. Lejos de provocar el “Hambre de Saber” en nuestro pequeño ser, pareciera alejarnos más del razonamiento, y pensamiento crítico. Las personas abergan en sus redes sociales centenares de datos imprecisos, sin verificar sus fuentes.
Las relaciones de amistad, de pareja y laborales también se vieron forzadas a asistir a los grandes cambios provocados por la vorágine digital.
Con sus pro y sus contra, da la sensación que poseemos un “arma” tan poderosa, que ha dado un giro muy importante a nuestras vidas, sin embargo todavía no la sabemos usar.
Un claro ejemplo de ello, es el fracasado intento de combinar tecnología y educación, casi ingenuamente como si se pudierá adherir la una a la otra con un pegamento inofensivo. Podemos cambiar muchas cosas pero aun seguimos aprendiendo de la misma manera, es decir, explorando y experimentando sobre ese mundo que nos rodea desde pequeños. La tecnología debe sumar y no restar.

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