Le monde de l’enfant

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Siempre hablamos de la importancia del juego libre, para canalizar y resignificar las emociones, además de ser fundamental para el aprendizaje de los niños. Pero todo ser humano lucha internamente, en pro de su constante búsqueda por hacer algo productivo o útil con su vida, entendiendo por “útil” a priorizar los beneficios económicos por sobre los espirituales. Estos últimos aparecen constantemente asociados a la religión o a la fe. Pareciera que alimentar nuestro espíritu, fuera similar a construir castillos en el aire.
¿Por qué nos cuesta tanto hacer cosas simplemente por el placer mismo de hacerlas? Cuando alguien nos interroga si estamos haciendo un curso o carrera, enseguida surge la pregunta si con ello vamos obtener un rédito económico. Tal vez como adultos, tomemos decisiones en ese sentido, pero no todas nuestras acciones convergen hacia esa finalidad.
El problema es sentirnos como una especie de “bichos raros”, al hacer algo por el mero placer que ello implica. Planteamos todas estas cuestiones desde una mirada adulta, pero también, en el fondo, les estamos hablando al niño que alguna vez fuimos. Y ello no pasó en una vida anterior, sino en esta, hace un tiempo atrás, solo hay que hacer un poco de memoria. De eso se trata este post, de conectarnos con el niño que habita en nuestro interior.
En la anterior entrada del blog, compartía un avance de Imagine Elephant, un proyecto que nos habla del juego espontáneo, y cómo progresivamente ha ido disminuyendo en los niños de hoy. El documental completo, es muy interesante para reflexionar como padres, docentes, etc. Hay tantas cosas para extraer de allí, que sería imposible transcribirlas a todas. Por eso quise dejarles al menos una breve reflexión.
Actualmente, los padres ven a sus hijos desde temprana edad manejar tablets, celulares, etc, y suponen erróneamente que con ello están de alguna manera aprendiendo, al conectarse con las nuevas tecnologías.
Pienso que los chicos son filósofos y exploradores natos, y como tales deben experimentar sobre el mundo. En el video, una de las personas entrevistadas se refería a esto a través de un ejemplo, mientras un niño está observando el recorrido de las hormigas, el adulto no debe interrumpir esta actividad para que aprenda algo, sino enseñarle a partir de sus intereses, en este caso hablarles de las hormigas.
La realidad pareciera contradecir esto, cuando se invade todo el tiempo los espacios de los chicos, porque en el colegio se deben cumplir horarios, y uno debe permanecer sentado, sin embargo, a veces hay que moverse para aprender. El juego nos mueve, produce caos, desorden, y a la par es transformación, aparecen nuevos mundos.
Alguien decía, es bueno que la sociedad no tome conciencia de la importancia del juego, que siga desapercibido, porque si supiera lo relevante que es para la vida del niño, intentaría implementarle reglas, manipularlo, dirigirlo, y ya no sería libre.
El juego es “dejar”, bien expresaba uno de los entrevistados de este proyecto. Y este “dejar”  nos instala como adultos en otro lugar, el de espectadores, para darles libertad a los niños de crear, de construir, de ser dueños de ese pequeño universo que les brinda el juego libre. Con ello, no quiero decir que no puedan participan, es decir, jugar un padre con su hijo, pero sin imponer nuestras reglas.
A la infancia se la ve como un proyecto a futuro, entonces, el niño debe aprender todos los conocimientos básicos para desenvolverse como adulto en la sociedad el día de mañana. Esto significa tener un buen currículum. En virtud de ello, se le enseña una variedad de idiomas y datos, se le exige que haga deportes, etc. Algo que por lado es positivo y beneficioso, pero por otro es contraproducente sino se lo “deja ser”. Y rescato otra pieza del documental, “el niño va a perder identidad”, no va a saber qué le gusta, o lo hace feliz.
El juego espontáneo va disminuyendo a medida que avanzamos en el sistema educativo, como un período de transición, algo “inútil” que está destinado a desaparecer porque no es compatible con la adultez.
La infancia no solo es una instancia para aprender cosas, es también una etapa maravillosa de nuestras vidas. Y durante ese tiempo, el juego debe ser una de las actividades más importantes, por su valor y porque es un derecho que posee todo niño . No debemos perderlo al llegar a la adultez, porque nos permite seguir creciendo como personas, procesar nuestras emociones, conservar la creatividad, la energía y la salud psicofisica.
Al niño no hay que bombardearlo con universos creados desde la tecnología. Jugar implica crear un mundo nuevo con nuestras propias herramientas e imaginación. Cuando se juega no hay horarios, ni frustración, ni miedo, solo existe el placer de jugar.

Ilustración: Pinterest

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