Bohême

A veces él la sorprendía dando pasos de baile, o hablando en soledad, como ensayando una pieza de teatro. Al llegar el verano la casa abría sus pulmones con el aire fresco proveniente de la huerta, y de aquel pequeño tesoro, el limonero. En invierno, el aroma a leña se hacía presente. Ella tejía historias al lado del fuego, mientras él se escondía en la lectura. No es fácil escribir sobre estos dos. Tampoco lo es, revivirlos en mi memoria. Aun escucho su eterno violín, medio desentonado y vagabundo, con algunas notas más claras que otras. No se puede culpar a alguien de soñar despierto y a toda hora. Este amor extraño, como ellos. Mitad bohemio, mitad divagante. Después de todo, no es así el amor? La razón de ser de uno, la razón de ser del otro. Quizás como lo definiría ella: “Mi derecho, mi revés…” Aun siento el crujir de la madera, subiendo los escalones oxidados de pasos, hoy tan lejanos como ancianos. Me poso sobre uno de los vidrios de los ventanales, tratando de imaginar que miraban sus ojos desde allí, miraban? Algunos alegan que eran de aquellos que miraban sin mirar. No es una contradicción, allí donde tal vez no había nada, ella veía un mundo, una forma, un color, un animal salido de un cuento. Y en ese cuento, él estaba, como en todos los de ella. Era un personaje más o el principal de su historia o la de los dos. Existen amores como esos? Tan locos, tan profundos, que si los dejas sueltos en el aire, puede que transformen el mundo.

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