Archivo de la categoría: Diario de la musa VII

Broken

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En una ciudad lejana y atestada de personas envueltas en su caja individualista, la hipocresía encuentra su escenario propicio, cuando tropiezo sin querer con un individuo distraído. Apenas esbozo una sonrisa como pidiendo disculpas por algo que no hice, y giro sobre mis pasos para seguir en la búsqueda por encontrar lugar en un comedor repleto de gente, cuando mis oídos escuchan una frase brusca y desafortunada. Inclino mi cabeza, ahí está esa persona, quiero creer que esas palabras tienen otro destinatario, pero mi mirada se congela cuando se encuentra con la de ella. En mi mente quedan la duda, y el por qué de su frase poco amistosa, sumado a su silencio, que ante mi ojos atónitos, tampoco me transmite demasiada información. Aunque prefiero olvidar el episodio, al transcurrir el día, un hecho similar me vuelve a suceder. Esta vez no hay cruces de miradas, solo un mujer malhumorada, y apurada tropieza conmigo, aun así, a veces mi alma todavía tiene el valor de susurrar “un disculpas”, cual responsable de un delito que teme no haber cometido. Me pregunto con cierta ironía, si tal vez son las mismas personas que se apasionan por escribir frases de otros, o se sumergen en libros de autoayuda, en el afán de alcanzar una seudo-espiritualidad dentro de esta pequeña esfera, virtual y mezquina. Al terminar el día, en medio del bullicio, la confusión y la multitud, lo único que deseo es llegar a mi hogar para abrazar a mis perros, fieles compañeros. A veces me cuestiono si no estamos todos algo rotos, aunque tengo la cruel certeza de que vivimos en un mundo que si lo está.

Ilustración: Pinterest

“Epilogue”

De a poco el cielo se transforma, y comenzamos a despegar tímidamente un ala por fuera de esa pequeña burbuja que nos separa del mundo distante. El enojo se hace un lado y da paso a esa tristeza que ahora ha tomado forma de una diminuta araña que hace su nido en nuestra garganta por las mañanas. Todo se ve diferente a la distancia, con la razón presente. Los objetos oxidados de recuerdos hoy queman el alma, y se hayan plagados de sensaciones opuestas a las pasadas. El hoy nos hace entender que el tiempo ya no es un sujeto prepotente, que camina a nuestro lado, sino una suave sombra gigantesca que enlaza a todo alrededor y lo contamina, pero también lo sana y traduce a su lengua.
Llegando al último escalón del año, nuestro corazón no está más sabio, sino más envejecido por las ausencias. Sin embargo, permanece firme por las presencias que lo alimentan.

“Days of Thunder”

Se puede salir de los lugares más inhóspitos, de los recovecos más oscuros, pero primero debes poder transitarlos, porque aunque desees correr y gritar con todas tus fuerzas, los fantasmas te atrapan. El dolor siempre te alcanza y te abraza con sus gruesas mantas. Y con el transcurrir del tiempo, el alma se hace pesada, se corporiza en el mismo cuerpo, tanto que duele llevarla. Y mides a la gente en base del termómetro del dolor, sobre la teoría que en plena tormenta, aprendes quién es quién, y solo los de corazón noble se quedan, el resto huye, o se esconde. Porque las tormentas asustan. Lo importante es encontrar la  paz, esa que la encuentras aun en medio del bullicio y de la peor tempestad, porque es una paz individual, tiene sello propio, no es ajena, ni externa.
Y entonces, puedes escribir mil memorias, aunque también las palabras tienen sus limitaciones, y no bastan para poner un nombre a cada sentimiento, que se entremezcla con otro y otro, en una serie turbulenta de sensaciones encontradas y dispares.