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“Luces rojas”

Cuando tenía trece años quería ser abogada, impulsada por el hecho que tenía Educación Cívica en el secundario, y amaba las leyes, porque creía que nuestro mundo se vería mejor rodeado de ellas, y ¿quién no desea un “mundo perfecto”? Esta ilusión con el tiempo se fue tambaleando. Empecé a comprender que en dicha profesión, uno podía estar de un lado o del otro, es decir podías defender a un inocente o culpable, con la misma vara, y con las mismas leyes. ¿Cómo ocurría eso? Era simple, los abogados mentían. Hoy por hoy, la justicia sigue siendo imperfecta, porque está hecha por los hombres, y ellos no son perfectos. Sin embargo, debemos seguir creyendo en ella, y apelando a que mejore día a día. Para que la impunidad no paseé por nuestras calles.
El otro día, leía muchos comentarios, consignas y demás, acerca de la violencia de género, un poco confusos. La verdad que ir “contra la corriente” en este período, es nadar en aguas tempestuosas. Vivimos inmersos bajo la bandera de la libertad de expresión e igualdad de derechos, sin embargo, se pisotean unos en favor de otros. Y se silencian las voces más pequeñas. A veces, se parece mucho al “Mundo del Revés”. La violencia se instala en distintos lugares, toma asiento en un colectivo, en una escuela, en una casa, en una playa, en una fiesta, en un trabajo, en un centro comercial, en una vereda, en la esquina, un poco más allá…No hay distinción. Tampoco existen diferencias entre las víctimas y los victimarios, en cuanto al género, religión, raza, ser anciano, niño, o adulto…Entonces, ¿por qué hacemos una protesta a favor de un sector de la sociedad? Hubo un tiempo, en el siglo pasado donde la mujer debía defenderse para acaparar más espacios sociales, y de hecho logró hacerlo. Actualmente, cumple numerosos roles que décadas atrás eran impensados. Pero la “luz roja” que hoy está encendida, no es para defender nuestros derechos solamente o cuestionar si nos educaron bien o mal, sino porque se vive en un clima de inseguridad y de impunidad. Porque tenemos sectores de nuestra sociedad tan enfermos, capaces de realizar los peores actos de crueldad. El psicopata no reconoce género, así como tampoco entre pensamiento y la acción interpone el razonamiento, ni tiene sentimiento de culpa. Necesitamos un Estado más presente, y que realmente hayan mecanismos de control para que los ciudadanos puedan vivir en paz.
Por otro lado, debemos reflexionar mucho sobre los distintos tipos de violencia que se ven todos los días, la que sufre un docente, de un padre o madre por una mala nota a su hijo; la que recibe una niña de sus compañeras, siendo víctima de bullying; los abusos de autoridad dentro del sistema educativo o en el espacio laboral; los derechos violados de los niños de la guerra; etc. Además de la discriminación que padecen las personas discapacitadas cuando deben salir a la calle, en ciudades que cuentan con sus veredas deterioradas, y con rampas ausentes. Los insultos o escraches, dirigidos a la foto de un desconocido, sea niño o adulto, por las redes sociales. Sí, también todo eso es violencia.
El mundo ya se encuentra demasiado dividido para cultivar más segregación en él. Debería haber una marcha pero en contra de cualquier forma de violencia.

“Caminar a oscuras”

Siempre que se realiza un cambio en cuanto a las políticas sobre la educación surgen debates de todo tipo. En nuestra sociedad subyacen varios problemas sociales, entre ellos los comunicacionales, no tratamos de entender el discurso del Otro, o de intercambiar ideas. Más bien todo lo contrario, las imponemos, a la par de criticar, y categorizar los problemas. En definitiva, dividimos, sectorizamos, y nos volvemos más y más individualistas.
Es difícil, como alguna vez lo formulé por este medio, desprendernos de nuestra caja individualista, subirnos por encima de ese inmenso muro, debajo de cual cada vez más nos sumergimos, y poder ver todo un entramado social que nos trasciende. En un mundo donde hace falta más buenas ideas, que ideologías políticas. Además de empatía, porque indudablemente nos cuesta mucho ponernos en el lugar del Otro. Ello agrava y empobrece cualquier debate. En este caso, son los niños ese “Otro”, no son las políticas de Estado, ni los gobiernos, o un problema de “blancos y colorados”.
La educación sufre desde hace varias décadas el mal de la indiferencia. Ha sido desvalorizada, y desmembrada por planes educativos obsoletos. Porque siempre el acento se pone en sus ornamentos, pero nunca sobre su esencia, en su corazón, en los contenidos, en la calidad de los mismos, y renovar los métodos pedagógicos. Porque más allá, de su “pauperizacion”a través del tiempo, hay una realidad, el niño de hoy no es el mismo de ayer. Sin embargo, sigue aprendiendo igual, explorando el mundo que lo rodea, estimulado por sus pares, y teniendo a su alcance un abanico de espacios para expresarse.
No hay que confundir “exigencia” con “calidad” son dos conceptos diferentes, dentro de la enseñanza.
Lei por allí el término “burro”, es una palabra poco acertada para hablar de chicos que no necesitan precisamente más estigmas en sus mochilas.
No se trata volvernos más rígidos o disciplinados para enseñar, sino más aptos para hacerlo. De brindar en todos los niveles educativos calidad e igual de oportunidades “reales” a todos los estudiantes. Además, del respeto por la diversidad, y la individualidad.
No se puede decir a priori, si está bien planteado o no el nuevo sistema de evaluación, o si hay intenciones “Ocultas” de nuestros gobernantes en él. Pero, leí en un artículo de La Nación lo siguiente:”La designación de abanderados fue revisada. Ya no será necesariamente el mejor promedio el que porte la bandera; ahora los colegios podrán decidir que la lleven los mejores promedios o alumnos que se hayan distinguido en el desarrollo de alguna actividad científica, artística o deportiva representando a la escuela; también, alumnos que se hayan destacado por su labor solidaria, su aporte a la cultura o su desempeño en actividades de interés general en beneficio a la comunidad.” Y ello me hace pensar, si se premia no solo a los mejores promedios sino aquél que se destaca en otra actividad ya sea cientifica, deportiva o solidaria; esto no es una mirada algo más integrativa? No obstante, es cierto no resuelve todas las falencias.
Creo fielmente en la cultura del esfuerzo y del trabajo, como valores transmisibles. Así también, en una educación construida desde una multiplicidad de miradas. Pero para ello, también será necesario que los medios de comunicación, la familia y la sociedad en general, colaboren para darle un futuro mejor a la misma. No solo los maestros, y los padres son referentes para los niños, nosotros como adultos debemos dar el ejemplo, sin estigmatizarnos los unos a los otros por pensar diferente, y sin encasillarnos bajo banderas políticas. Porque sin educación, como dije alguna vez, caminamos a oscuras, pero sin el respeto y la tolerancia, nos hundimos en el mismo mar de la ignorancia.

“Los nuevos paradigmas”

Cuando comenzamos a usar Internet, casi dos décadas atrás, las personas de mi generación no sabíamos que solo estamos visualizando un minímo porcentaje de su alcance futuro. ¿Hasta dónde llegaría? ¿Cuántas barreras rompería? En ese entonces era imposible saberlo.
Hoy podemos decir que Internet, dejó de ser un concepto meramente asociado a un ordenador, para invadir más y más espacios en nuestras vidas. La frontera entre el mundo virtual y el real se vio reducida. “La Red” se encargó de desmenuzar progresivamente ese límite. Con la era de la tecnología se instaló también la de “los nuevos paradigmas”. Internet fue el impulsor de esta revolución, incorporando nuevas palabras al lenguaje cotidiano; además de canales y formas distintas de comunicarnos y relacionarnos con el Otro. De igual manera, se vieron modificadas las relaciones comerciales y sus objetos. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿A quién? Preguntas cuyas respuestas se fueron diversificando a partir las recientes tecnologías.
La información virtualizada tomó otra dimensión, y una nueva noción del tiempo apareció con ella. Actualmente existe un tiempo cronológico, “físico”, o real, pero también uno “virtual”. La forma de concebirlo siempre estuvo gobernada por un componente subjetivo. Es como ver por una gran pantalla los acontecimientos de nuestra existencia, y tener un pequeño control remoto en la mente, con el cual podemos pausar o acelerar la percepción de los mismos. Nuestro tiempo cambió, caminamos y nos movemos diariamente de manera apresurada como si no existiera un mañana. No es solo una sensación, es también un deseo interno, que nos propulsa a exigir “todo” a la brevedad o instantáneamente.
A la par del hecho de tener acceso a mayor información, presenciamos una especie de “sedentarismo virtual”, si los datos no pasan por nuestras “manos” de forma inmediata, abandonamos cualquier búsqueda de los mismos. La biblioteca imaginaria y babilónica que nos ofrece Internet, no es suficiente. Lejos de provocar el “Hambre de Saber” en nuestro pequeño ser, pareciera alejarnos más del razonamiento, y pensamiento crítico. Las personas abergan en sus redes sociales centenares de datos imprecisos, sin verificar sus fuentes.
Las relaciones de amistad, de pareja y laborales también se vieron forzadas a asistir a los grandes cambios provocados por la vorágine digital.
Con sus pro y sus contra, da la sensación que poseemos un “arma” tan poderosa, que ha dado un giro muy importante a nuestras vidas, sin embargo todavía no la sabemos usar.
Un claro ejemplo de ello, es el fracasado intento de combinar tecnología y educación, casi ingenuamente como si se pudierá adherir la una a la otra con un pegamento inofensivo. Podemos cambiar muchas cosas pero aun seguimos aprendiendo de la misma manera, es decir, explorando y experimentando sobre ese mundo que nos rodea desde pequeños. La tecnología debe sumar y no restar.

"El ciudadano, último modelo"

En algún rincón, se nos perdió así de repente, el derecho de un derecho. Puede parecer un trabalenguas, pero no lo es.
Últimamente, algunos sucesos nos hacen pensar que las personas encargadas de gobernar, ya sea una ciudad, una provincia,o un determinado lugar,han perdido de vista la línea que divide, sus derechos y deberes, de los nuestros.
Pareciera ser, que ciertas funciones, o roles que ellas no pueden cumplir con eficacia, ya sea por falencias o por “un desborde de responsabilidades”,empiezan a transferirse a la sociedad.
Entonces, el ciudadano común debe ocupar lugares que no le son propios. Como por el ejemplo;actuar como si fuera un inspector de tránsito, denunciando a otros que se encuentren en una situación de infracción.
Nos preguntamos azorados, si esta es nuestra función? además de ser padres, empleados,estudiantes..etc, tenemos el deber de trabajar para nuestros gobernantes? o será al revés?
Este tipo de actitudes, lejos de posibilitar un progreso, como se pretende fundamentarlas , son procesos que nos van llevar a crear una sociedad, en la cual va prevalecer el individualismo sobre la solidaridad; además de fomentar la desunión, y por ende, el caos, que sucede siempre cuando los roles pactados dentro de una comunidad se ven transmutados, o no están claramente delineados.
No solo, es un atropello a nuestros derechos, sino también es una forma de evadir obligaciones.Ilustración:Soulfinder By Seorangprempuan2
Edición de imagen: La Musa Adormecida

Subsidiar la infancia

He leído comentarios opuestos, y sin sentido, en el relación al subsidio que brinda el Estado a la niñez.
Desde frases, como: “hay que invertir ese dinero en universidades y escuelas”, “a los pobres les agrada ser pobres”
Condenar la pobreza, es un signo de ignorancia y un claro rechazo a ver una cruda realidad
Nadie es feliz sabiendo que no “vive”, sino “sobrevive” todos los días, que no le puede brindar un futuro mejor a sus hijos, que debe luchar contra el desempleo, y que ha quedado fuera de un “sistema macabro”.
Subsidiar no conduce a remediar,sin embargo, es una ayuda para quienes no cuentan con recursos económicos para llevar adelante un hogar con hijos.
Pero no es la solución a la pobreza, ni a la desigualdad social.
Desgraciadamente existen personas, que desde su desconocimiento y prejuicio, tildan al pobre, con estigmas como “vago”, “desagradecido”, “aprovechador”…etc
Estos rótulos lo único que logran, es sumergir a la persona de bajos recursos en la marginación absoluta.
Sin saber que la mayoría de los individuos pertenecientes a sectores indigentes, reclaman por un trabajo digno, antes que por un plan de bienestar social.
Si bien, es cierto que se debe invertir en la educación, también es justificable hacerlo en favor de los que menos tienen.
Además, la educación es un derecho humano, y no el privilegio de unos pocos.
La generación de fuentes de empleo, es quizás el puntapié inicial que nos falta, para que haya movilidad social, e igualdad de oportunidades.
Tal vez, esa sea la mejor manera de subsidiar la infancia de quienes se encuentran más desprotegidos. Es salvarlos del abandono social, y permitirles el acceso a los bienes culturales, a la información y a una formación.Ilustración: Karen Hill Tribe 1 By SimonLarbalestier