Catharsis

Por qué retorcer mi pensamiento a migajas simplemente por ser opuesto a lo que otros piensan. Qué sentido tiene amoldar los sentimientos, o calibrar las ideas a las de los demás, para sentirnos un poco mejor, más “adaptados”, y menos intolerantes. Pero en esencia seguimos siendo los mismos, gritando de forma silenciosa y desesperada nuestros principios. Congelar un momento para que la claridad se haga presente, y saber que los sueños son esos, vaga espuma en nuestra cabeza, y no alfileres oxidados de esperanzas. Que los malos se hunden en el olvido y que los buenos propulsan por salir. Y al finalizar el día encontrarle el sentido a todo este proceso, cuando una idea positiva barre todas las demás. Entonces, el corazón respira y vuelve latir.

“Luces rojas”

Cuando tenía trece años quería ser abogada, impulsada por el hecho que tenía Educación Cívica en el secundario, y amaba las leyes, porque creía que nuestro mundo se vería mejor rodeado de ellas, y ¿quién no desea un “mundo perfecto”? Esta ilusión con el tiempo se fue tambaleando. Empecé a comprender que en dicha profesión, uno podía estar de un lado o del otro, es decir podías defender a un inocente o culpable, con la misma vara, y con las mismas leyes. ¿Cómo ocurría eso? Era simple, los abogados mentían. Hoy por hoy, la justicia sigue siendo imperfecta, porque está hecha por los hombres, y ellos no son perfectos. Sin embargo, debemos seguir creyendo en ella, y apelando a que mejore día a día. Para que la impunidad no paseé por nuestras calles.
El otro día, leía muchos comentarios, consignas y demás, acerca de la violencia de género, un poco confusos. La verdad que ir “contra la corriente” en este período, es nadar en aguas tempestuosas. Vivimos inmersos bajo la bandera de la libertad de expresión e igualdad de derechos, sin embargo, se pisotean unos en favor de otros. Y se silencian las voces más pequeñas. A veces, se parece mucho al “Mundo del Revés”. La violencia se instala en distintos lugares, toma asiento en un colectivo, en una escuela, en una casa, en una playa, en una fiesta, en un trabajo, en un centro comercial, en una vereda, en la esquina, un poco más allá…No hay distinción. Tampoco existen diferencias entre las víctimas y los victimarios, en cuanto al género, religión, raza, ser anciano, niño, o adulto…Entonces, ¿por qué hacemos una protesta a favor de un sector de la sociedad? Hubo un tiempo, en el siglo pasado donde la mujer debía defenderse para acaparar más espacios sociales, y de hecho logró hacerlo. Actualmente, cumple numerosos roles que décadas atrás eran impensados. Pero la “luz roja” que hoy está encendida, no es para defender nuestros derechos solamente o cuestionar si nos educaron bien o mal, sino porque se vive en un clima de inseguridad y de impunidad. Porque tenemos sectores de nuestra sociedad tan enfermos, capaces de realizar los peores actos de crueldad. El psicopata no reconoce género, así como tampoco entre pensamiento y la acción interpone el razonamiento, ni tiene sentimiento de culpa. Necesitamos un Estado más presente, y que realmente hayan mecanismos de control para que los ciudadanos puedan vivir en paz.
Por otro lado, debemos reflexionar mucho sobre los distintos tipos de violencia que se ven todos los días, la que sufre un docente, de un padre o madre por una mala nota a su hijo; la que recibe una niña de sus compañeras, siendo víctima de bullying; los abusos de autoridad dentro del sistema educativo o en el espacio laboral; los derechos violados de los niños de la guerra; etc. Además de la discriminación que padecen las personas discapacitadas cuando deben salir a la calle, en ciudades que cuentan con sus veredas deterioradas, y con rampas ausentes. Los insultos o escraches, dirigidos a la foto de un desconocido, sea niño o adulto, por las redes sociales. Sí, también todo eso es violencia.
El mundo ya se encuentra demasiado dividido para cultivar más segregación en él. Debería haber una marcha pero en contra de cualquier forma de violencia.